Radio Nikosia: El dial donde no existe la locura
Una veintena de personas con enfermedad mental componen el equipo de Radio Nikosia. Pero en este programa pionero en España sus miembros no son locos, sino redactores que tienen mucho que contar.
Es miércoles. Son las cuatro de la tarde. Lo anuncian unas campanas cercanas a la Plaza Real, en pleno corazón de Barcelona. “Durante las próximas dos horas estaremos en el aire. Ahora es cuando existe la posibilidad de que digas lo indecible y que aprendas a ver el mundo al revés y que estés contento con ello, de que sumes nuevas perspectivas a tu manera de estar de cara a los días. Ahora es cuando la locura es un lugar normal y la normalidad vuelve a ser relativa... ¡Ahora es cuando entras en el universo Nikosia!”. Una voz lanza al aire esta proclama desde las tripas de un cuarto minúsculo en el que se apretujan una docena de personas que dejan de ser considerados enfermos mentales y pasan a desempeñar su papel como personas. TRES PILARES Esta otra urbe radiofónica es una en dos, la ciudad de la locura y otra en la que cabe todo lo demás. Ambas ciudades tan imaginarias como reales se abrazan cada miércoles en Radio Nikosia, un proyecto que cuenta con tres pilares básicos: sus redactores, la Asociación JOIA y la emisora libre Contrabanda. Para visitar Nikosia, el pasaporte exige un requisito: dejar aparcados los prejuicios en la calle, en ese pasaje Madoz donde arrancan un sinfín de peldaños de mármol desgastado que conduce a las caóticas y humildes instalaciones de radio Contrabanda, ubicada en un piso obsoleto. Al fondo del pasillo una docena de redactores preparan el programa de esta tarde, que versa sobre el futuro. La antropóloga Nel.la Gonzalo coordina este proyecto junto a su colega Martí Correa Urquiza. Los redactores consideran que fueron unos auténticos “visionarios” cuando presentaron la idea a la asociación JOIA, que sin pensárselo se lanzó a dar la voz a las personas con enfermedad mental para luchar contra el estigma. ÚTIL TERAPIA Luisa tiene 38 años y es redactora nikosiana desde hace dos o tres años. No cree que esta colaboración sea un trabajo para ella, “Simplemente es una terapia para sentirme útil y relacionarme. Me gustó la experiencia de abrirme a los demás y que escuchen mi voz. Porque a veces te lo callas todo y sufres por dentro. Además, aquí en la radio no sólo se habla de la enfermedad”, comenta. La música que se escucha en las ondas barcelonesas pone una selecta banda sonora a las entrevistas de este reportaje, mientras los aplausos avisan de que alguien acaba de concluir su intervención semanal en Nikosia. REHABILITACIÓN José Luis es un hombre de amplio sentido del humor. Para él participar en el programa es “rehabilitación, aunque no lo pretenda, mucho más que un centro de día o un psiquiátrico, pues me permite reivindicar la situación en la que estoy”, comenta.
Además de una ciudad, Nikosia, según este redactor es casi una familia. “Me incorporé y descubrí amigos, movidas, pues esto de la radio es la punta del iceberg, Nikosia son muchas actividades más que emitir dos horas por semana", asegura. Momentáneamente, aparca su humor y anécdotas de guitarrista para ponerse serio: “Muchos de los que hemos pasado por aquí, si no fuera por Radio Nikosia no estaríamos aquí, y no hablo de Nikosia, hablo del mundo. Quién sabe el vericueto donde hubiese acabado si no hubiera encontrado esto. No es peloteo. Es la pura verdad. Encontrar un espacio así, con comprensión, que te acoja, es de agradecer”, asegura. Lo dice porque el suicidio ha dado algún que otro martillazo a su vida. Es realista y sabe que Radio Nikosia, aunque les ayuda a seguir adelante, “no es la panacea”, pero le proporciona el “orgullo de estar luchando por uno mismo”. Por eso se siente un “privilegiado de la enfermedad mental”, porque puede luchar también “por esa gente que no tiene voz, que no se atreve a salir de casa, que está desamparada, con sus padres cada vez más mayores, que no sabe dónde va a ir, la gente a la que se le puede agravar más la enfermedad mental”. GRAN PREPARACIÓN Aunque la emisión del programa tiene lugar los miércoles, el equipo de redacción se reúne los lunes para coordinar los temas. En esas dos tardes a la semana, una veintena de personas dejan aparcada la locura para convertirse en redactores, asumen otro rol, el que la sociedad no les da oportunidad de desempeñar. Además, ríen, se escuchan, hablan sobre música, se piropean, repasan sus hojas manuscritas, o la contra del periódico que quieren comentar en antena. Si no pueden acudir a la emisora, participan por teléfono. Y cada llamada supone una alegría entre quienes acudieron esa tarde a los estudios de Contrabanda. RADIO PREMIADA Semanas atrás los nikosianos fueron galardonados por la Fundación Intras, en reconocimiento a la importante labor que se hace en esta “Colifata” española. Nel.la cree saber lo que da razón a esos reconocimientos. “Trabajamos bajo el concepto de empowerment, cada persona tiene que asumir y hacerse cargo de su situación. Este es uno de los ejes de nuestro trabajo. En la radio nuestro objetivo es dar la palabra a quien se le niega constantemente, que no puede opinar en programas de salud, en campañas de prevención, de estigma… Nikosia es el ambiente donde la persona afectada lleva todo esto adelante. Es un trabajo en equipo”, aclara. La iniciativa no sólo sale al aire a través del dial de Contrabanda, pues Radio Nikosia ofrece sus contenidos por Internet y colabora con otras emisoras. Entre ellas destaca el espacio que la cadena Ser dedica a varios redactores de este equipo. La bonita y profunda voz de Víctor, que lleva colaborando cinco de sus 45 años como nikosiano, es precisamente una de las que se escuchan en la Ser junto a la de Gemma Nierga. Defiende que para pertenecer a Nikosia hay que tener “un espíritu muy aventurero”. A pesar de las diferencias de aficiones e ideas, los redactores de Radio Nikosia forman un grupo compacto capaz de mimar a cualquiera de ellos que lo necesite, como explica Joan: “Aquí lo que más se intenta fomentar es dar afecto. Y es un revulsivo tan importante sobre todo para personas que por circunstancias de la vida hemos padecido y tenido muchas carencias”, expone poco antes de que las campanas avisen que Nikosia debe cerrar sus murallas. Son casi las seis de la tarde, pero las palabras de sus redactores pudieron escapar a tiempo: burlaron las cancelas del estigma, descendieron las escaleras de mármol hacia el pasaje Madoz y demostraron que para hablar de la locura deben tener voz quienes la padecen. Texto: Almudena Hernández Fotos: Lluis Bernat |