El quebrantahuesos, envenenado
Sólo quedan 450 ejemplares en todos los Pirineos. El quebrantahuesos, que se distingue del resto de las aves rapaces por un característico plumaje a modo de antifaz negro alrededor del ojo, está considerado, dentro del catálogo nacional de especies amenazadas, en peligro de extinción. La causa: las nuevas infraestructuras que rompen su entorno, los tendidos eléctricos y sobre todo los intereses económicos de la caza, que hacen de su veneno un aliado mortal para estas aves.
El quebrantahuesos debe su nombre a la manera que tiene de alimentarse. Aunque como el buitre es carroñero, es una especie que no caza, sino que espera pacientemente a que los demás depredadores terminen con su presa: es entonces cuando se come los huesos. "Los que son demasiado largos los lleva en vuelo hasta los llamados rompederos, pedrizas inclinadas de la montaña donde los lanza en vuelo y los fractura en trozos más pequeños hasta que los puede engullir", comenta Oscar Díez, presidente de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos. EN PELIGRO Esta especie (Gypaetus barbatus) estaba hasta finales del siglo XIX ampliamente distribuida en la Península Ibérica. Pero durante el siglo XX y en concreto a nivel europeo, se produjo una regresión muy acentuada de su número, lo que ha llevado incluso a su extinción en casi todas las poblaciones europeas donde se encontraba, como es el caso de los Alpes, los Balcanes o la Grecia continental. Nuestra península no ha sido una excepción, y ahora mismo solamente quedan algunos ejemplares en los pirineos. "Está considerado en peligro de extinción dentro del catálogo nacional de especies amenazadas. Actualmente existe una población hispano-francesa, en todos los Pirineos, de entorno a las 125 unidades reproductoras, lo que viene a ser unos 450 ejemplares. La razón por la que son sólo 125 unidades reproductoras es porque la hembra cría al polluelo con dos machos. Como el alimento es muy impredecible y por lo tanto el régimen nutritivo es limitado, con tres 'padres' la cría tienen más posibilidades de sobrevivir", explica Oscar. Las razones por las que esta especie está desapareciendo tan deprisa según la Fundación son, sobre todo, la alteración del hábitat, en especial con las grandes obras turísticas o de infraestructuras; la persecución directa (con la caza furtiva, el expolio y los venenos; las molestias indirectas (batidas de caza, fotografía de nidos, escalada, parapente, senderismo); el choque o electrocución en tendidos eléctricos. "El tema de los venenos es serio. Por ejemplo en el pirineo de Huesca, donde hay bastantes cotos de caza, interesa económicamente eliminar a los depredadores como los zorros o las rapaces, para que haya más caza. De esta forma, se colocan cebos envenenados con pesticidas que se utilizan en agricultura", explica el presidente de la Fundación. El problema de estos venenos es que crean cadena: "si el cebo lo come un zorro, luego lo comerán varios buitres, otros tantos quebrantahuesos... por lo que se crea un auténtico problema ecológico. En otras ocasiones, el veneno no se había puesto con esa intención, sino simplemente como mata ratas, pero las consecuencias son las mismas, por lo que tratamos de concienciar a los ganaderos para que utilicen otro tipo de productos o pesticidas", comenta Díez. RADARES INTELIGENTES Para conseguir frenar y analizar la situación peligrosa en la que vive actualmente el quebrantahuesos, la Fundación ha puesto en marcha un sistema de seguimiento avanzado que permite conocer los pasos de esta especie y las causas de su extinción. "Gracias a la Obra Social de Caja Madrid hemos instalado dos estaciones fijas de radio- seguimiento (lo que se conoce también con el nombre de dataloggers). Son unos aparatos que se colocan en sitios estratégicos del pirineo, conectados siempre a red eléctrica. Con unas antenas, van haciendo barridos y escaneando todas las frecuencias en las que tenemos marcados a los quebrantahuesos con radioemisores. Esto permite tener una especie de test continuo de los movimientos que hacen los animales, de dónde están y de si permanecen con vida", comenta Oscar. Los radio-visores tienen un sensor de mortalidad, lo que facilita conocer el lugar donde ha muerto el animal, calcular cuántas especies pueden haber fallecido por la misma razón y analizar sus causas. "Con estos datos los miembros de la Fundación podemos desde denunciar los casos porque ha disparado un cazador, denunciar al coto de caza porque ha colocado cebos envenenados, o proponer una medida de gestión como puede ser la corrección o balizamiento de un tendido eléctrico", asegura Oscar. Los sensores están situados en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Zaragoza) y en San Juan de la Peña (Aragón), dos sitios muy estratégicos donde prácticamente en un mes de actividad normal de los quebrantahuesos se puede conocer el número de especies que permanecen con vida y localizar a gran parte de ellos. "Esta herramienta es indispensable para nuestro seguimiento. Con él esperamos conseguir que disminuyan mucho las muertes del quebrantahuesos y que esta especie pueda volver a repoblar nuestra península", concluye Díez. La Obra Social de Caja Madrid también financia un programa estival de visitas al Parque Nacional de Monteperdido y un panel interpretativo que funciona en este mismo lugar. Más información: Fundación Quebrantahuesos Texto: Inés Marichalar Fotos: Fundación para la conservación del quebrantahuesos |