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Un día entre rejas
Mucha gente quizás se pare a pensar qué fue de aquel chaval, vecino suyo, que se dedicaba a robar carteras en el barrio y acabó en la cárcel. Otros tantos se preguntarán si el hombre que atracó aquel banco a punta de pistola y mató a una mujer en el acto se está pudriendo en prisión. Pero en lo que casi nadie reflexiona, ya sea en estos casos hipotéticos como en otros centenares más, es cómo vive un preso su pena en una cárcel española.
POR NEREA ALONSO Y TATIANA GARCÍA. No nos engañemos. Películas como "Acorralado" de Silvester Stallone o "La gran evasión" de Clint Eastwood, al igual que cientos de filmes o series norteamericanas, no reflejan la realidad de los centros penitenciarios españoles. La gran mayoría, cuando piensa en un recluso se imagina a ese individuo numerado con traje a rayas o naranja (selección Guantánamo), impregnado de tatuajes, imponiendo su fuerza sobre los demás o sumiso a ella, viviendo experiencias homosexuales obligadas o sustitutivas... Son clichés extraídos de la ficción televisiva, quizás fiel reflejo de lo que se experimenta en otros países, o incluso se hayan vivido en España en épocas de dictadura. Ahora, la realidad entre barrotes difiere mucho de esos guiones.
E. P., tras largos devaneos y temporadas por las cárceles de la capital, se encuentra ahora en Madrid III, la cárcel de Valdemoro, “empalmando dos condenas”. Es el más veterano de los reclusos que amablemente nos atienden y a la vez, el más reinsertado. Tras una primera etapa de violencia, rebeldía y problemas con los funcionarios, ha encauzado su vida a la espera de una próxima salida para realizar sus prácticas como educador social, diplomatura que ha estudiado en prisión.
Sin embargo, si hay algo que molesta a E. P., E. S., L .J., J. C. y tantos otros es la escasa realidad que retratan los medios de comunicación, más interesados en detalles escabrosos de sucesos casuísticos y puntuales que de reflejar la vida, inquietudes y proyectos de los presos.
LA CÁRCEL, REFLEJO DE LA SOCIEDAD
L. J., de 42 años de edad, con mujer y dos hijos de 7 y 5, está condenado a cuatro décadas, de las cuales le quedan 18 años por cumplir. J. L. nos afirma contundentemente: "lo que sucede fuera, sucede aquí. Es una pequeña comunidad".
La vida de un preso, como nos indican los internos de Valdemoro, empieza a las ocho de la mañana, hora en la que los funcionarios les despiertan para desayunar, si es que quieren hacerlo. A las nueve cierran la celda y posteriormente se dirigen al patio. Si hace frío se quedan en las salas de lectura o televisión comunes. La última comida del día se da sobre las siete y media. Después tienen que permanecer encerrados en la celda, no obligan a dormir pero sí a estar en ella.
Bajo el respeto de estos horarios y una serie de obligaciones, los presidiarios de segundo y tercer grado (aquellos a los que les resta poco tiempo para concluir su pena) pueden moverse con total "libertad" por el centro (los presos de primer grado se encuentran aislados en un módulo a parte).
A diferencia de la concepción que se puede tener desde fuera, en la cárcel se producen pequeños robos, “de cosas menores, al haber módulos de tránsito”, como cuenta P. T. Éstos son los que están abiertos y por los que pueden pasar los abogados y las visitas; por tanto, están más al alcance de cualquier persona. En cuanto a la violencia se trata de pequeñas peleas que pocas veces requieren la intervención de los funcionarios, los cuales “únicamente emplearán armas u otros objetos en caso de motines o situaciones de riesgo”, afirma César, uno de los educadores sociales del centro penitenciario.
De unos años a esta parte, ha desaparecido el dinero en las prisiones o “papel de monopoli”, como lo calificaba E. P. Los penados (de 2º y 3º grado) ahora disponen de una cuenta corriente en la que van guardando todos sus ahorros, ya sean ganados con trabajos en prisión o por ingresos de sus familiares. El dinero se mueve con una tarjeta que les facilita el Ministerio para pagar sus caprichos del economato, donde pueden comprar lo que haya, sin gastar más de 65 euros a la semana. Pero tal y como muestran sus quejas, la tarjeta les ha dificultado más el tema de intercambios entre ellos. "Con dinero puedes comprar todo -en la cárcel- menos la libertad. Es cuestión de sentarse a negociar. Todo se puede comprar, aunque a un precio mucho más elevado de lo que vale fuera", afirmaba E. P.
MITOS Y MITOS...DESMITIFICACIÓN
Ellos se identifican como una familia. Al fin y al cabo, dentro lo único que tienen es tenerse los unos a los otros, valga el juego de palabras. “Nos necesitamos y siempre hay que tener un amigo. Yo he estado conviviendo en un módulo con siete personas 34 meses, y había tres que no cobraban, yo entre ellos. El dinero lo repartíamos entre todos, a nadie le faltaba de nada. He comido lo mismo que el resto, y no me ha faltado ni el tabaco”, relataba E. S.
Como muestra de esta proximidad que acrecienta los vínculos afectivos, tampoco hay que olvidar que la lacra que afecta fuera, y contra la que se trata de combatir, también se encuentra dentro. Se mueve droga, hay violencia, racismo... aunque en menor cantidad y proporcionalidad que en épocas anteriores. “Ha habido un cambio muy grande. Sí que hay droga, pero no como antes, que la encontrabas hasta por los pasillos. Ahora, a veces, hay sequía, cosa que antes no ocurría”, comenta P. T.
Preguntamos acerca de las “conocidas” agresiones sexuales que supuestamente se ejercen. Concepción errónea, tal y como apunta el grupo de reclusos con el que estuvimos. E. P. resulta taxativo: “Eso es un mito, hay que tener cuidado con el champú y el desodorante. Antes, cuando Franco, que no existían los bis a bis, sí que habría ese tipo de abusos. Aquí no los hay”.
CUENTAS PENDIENTES
Es el acto correctivo, el de ingreso en la cárcel, el que dota a los presos de una serie de derechos dentro de los centros penitenciarios, derechos avalados por la legislación y que no deben inflingir los funcionarios de los mismos. Sin embargo, la relación entre ambos -presos y funcionarios- ha variado a lo largo del tiempo. Así lo aseveraba E.P.: “hoy en día es más cercano, también porque antes se vivían los residuos del franquismo” y, al contrario que fuera, que los malos tratos son un problema en creciente aumento, dentro de prisión es una práctica que se ha reducido en los últimos años, aunque aún quedan.
“En prisión no creo que existan malos tratos sistemáticos. Psicológicos sí. Hay diferentes tipos de guardias. Los que entran nuevos quieren imponer sus leyes”, según E. P. Para E. S. “los malos tratos físicos siguen existiendo y los he vivido en el año 2002. En primera persona lo he visto”.
Sólo bastaba con mirar el aspecto tísico y los mofletes pegados a los huesos de la cara de L. J. para ver que la comida en prisión es otra asignatura pendiente. Él mismo lo expresaba: “está mal cocinada, normalmente sobra mucha comida, no hay variedad”.
Sin duda, todos coincidían en que el tema de las comunicaciones podía mejorar en los centros penitenciarios. Sería necesario que se diesen más visitas con los familiares. El futuro siempre se aparece en la mente de los reclusos. El día en el que volverán a disfrutar de “su libertad”, en el que se tendrá que enfrentar a una nueva vida, que deberán de afrontar de cero.
Y esto, sin la ayuda de la familia y el amor es algo prácticamente imposible. “Es muy importante tener apoyo, una de las principales bases para que una persona pueda salir adelante. Si luego sales y no lo tienes te desmoronas. Hay gente que ha salido y se ha quedado sola. Se rompen muchas relaciones de pareja, las mujeres se buscan a otro. El apoyo es básico”, según E. P. Una hora y media a la semana, como permiten en Madrid III, se hace escaso para disfrutar de los hijos, pareja, familia o amigos. Y un bis a bis íntimo al mes imagínense.
DELITOS IMPERDONABLES
Es curioso el tipo de discriminación que establecen los propios presos en las cárceles españolas para un tipo de delitos. E.P. contaba: “nosotros mismos somos selectivos. Sobre todo con las personas que han cometido delitos de agresión sexual, maltrato…etc". Resulta quizás cínico el hecho de que todos están en la cárcel para cumplir una pena por un delito que han cometido, pero es una realidad la jerarquía que instituyen para actos imperdonables que como ya afirmaban fuentes institucionales “en los hombres es la agresión sexual, en las mujeres es el infanticidio, no lo entienden. Hay una especie de código. Uno puede ser atracador de bancos, chorizo múltiple, asesino incluso… pero nunca violaría porque piensa que eso que el otro ha cometido se lo podrían haber hecho a su hermana, a su mujer, a su hija y eso no se puede perdonar”.
UN FUTURO, UNA ILUSIÓN
En España, la cárcel, más que un castigo es un medio para encauzar la vida de una persona que ha infringido la ley gravemente, una medida para reinsertarla después en la sociedad. Por ello, se facilita a los presos la opción de que terminen o comiencen alguna carrera, que trabajen dentro del centro, las salas de lectura, los cursos especializados, incluso, excepcionalmente Madrid III tiene un programa de radio en el que participan los propios delincuentes (El espacio "La Ventana", de Gema Nierga, de la Cadena Ser, conecta los jueves veinte minutos con estos internos para charlar con ellos).
El problema es, como nos indicaban fuentes institucionales, que las cárceles españolas están muy masificadas (en Madrid III, hay 140 presos por módulo, cuando debería de haber 70). Además, el trabajo que realizan educadores sociales, psicólogos y demás funcionarios para ayudar a los reclusos a mejorar no es del todo eficaz por la imposibilidad de dar abasto a tales cifras. Según fuentes ministeriales, actualmente hay un total de 61.500 presos, de los cuales alrededor de 1.600 están en Valdemoro. J. C. lo resume: "una vida aquí sin hacer ningún tipo de actividad es muy aburrida".
El desafío comienza cuando termina su pena. ¿Realmente les ha servido de algo tantos años de privación de libertad? ¿Están preparados para volver a formar parte de la sociedad sin suponer un peligro? E.P no lo duda: "a mí me ha valido. Hay oportunidades pero depende de cada uno. Si quieres, puedes". |
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