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"Los niños de Calcuta envejecen tan rápido que se hacen adultos sin tener infancia"
Las estaciones de tren suelen ser símbolo del progreso de un país, aunque a veces también se convierten en protagonistas desgraciadas de la actualidad… Lugares de tránsito, espacios donde se cruzan las vidas de miles de almas que cuando cae la noche se oscurecen y aguardan a la luz del alba para volver a entrar en ebullición. En Calcuta (India) son además el hogar de miles de desheredados, pobres materiales que sin embargo no han perdido la sonrisa de esperar un futuro mejor y de subirse al tren que les devuelva la dignidad como seres humanos. Juan Díaz (Barcelona, 1959), fotógrafo, refleja con la mirada implacable de sus objetivos la realidad cotidiana de los niños de las estaciones para la ONG Global Humanitaria.
:: Web de Global Humanitaria
POR JAVIER FERNAUD
¿Por qué decidió ir a la India a hacer fotografías?
Global Humanitaria mandó a un técnico conmigo para abrir proyectos en la India. Fui por mi condición de fotógrafo y porque había trabajado anteriormente dos años en India. En la primera toma de contacto comencé inmortalizando la pobreza en las calles. Sin embargo, todo cambió cuando conocí el mundo de las estaciones del tren, como la de Haura, la más importante y por la que transitan dos millones de pasajeros al día.
Es impresionante ver cómo cientos de familias sobreviven allí. Recuerdo que pregunté a un niño por qué vivía allí y me contestó: "fíjate en la cantidad de pasajeros que hay, cada uno son dos zapatos para limpiar y habrá unos 6.000 pies". En realidad eran muchos más. Los más pequeños sobreviven en estas estaciones-dormitorio gracias a pequeños hurtos o recogiendo la comida que los pasajeros se dejan en los vagones.
Con el tiempo fui visitando más estaciones y descubrí los "slam", asentamientos humanos que se ubican a ambos lados de las vías del tren. Ellos viven literalmente entre las vías, allí hacen sus necesidades, se lavan y cocinan, junto a un pequeño canal donde van a parar las aguas residuales. No tienen agua caliente pero sí electricidad en algunas "barraquillas" (similares a las chabolas en España) porque roban la corriente de la línea. Hay muchos accidentes porque los ferrocarriles pasan día y noche y aunque la gente conoce sus horarios, muchos alcohólicos son arrollados por los trenes de noche.
Y ¿cómo pueden sobrevivir cientos de personas alrededor de las vías del tren?
Es complicado. En algunos sitios, sólo hay 50 centímetros entre las barraquillas y las vías; cuando pasaba el tren, me tenía que poner de lado. Estas infraviviendas están fabricadas con plásticos, madera, ladrillos… Al principio me sorprendió que vivieran aquí porque existían muchos otros solares repartidos por la ciudad. Un funcionario me dio la clave: existe una ley por la que está prohibido construir cerca de las vías. Así la gente se asegura que no les puedan desalojar por especulación del terreno.
Entre 100.000 y 150.000 niños y niñas de Calcuta viven en las calles, un dato que invita a reflexionar…
Son cifras difíciles de calcular y probablemente sean muchos más, porque los que viven en esas condiciones son de la casta más baja, los intocables, y la mayoría no están censados. Nacen y mueren en las estaciones y nadie se entera de que han existido. El último censo de la ciudad contabilizó 15 millones de habitantes, pero se estima que vivan otros 5 o 6 millones indocumentados. Aproximadamente, el 60% de la población de Calcuta vive bajo el nivel de pobreza.
¿Pueden ser entonces las estaciones una metáfora del viaje en busca de una oportunidad en la vida?
Exactamente, la gran metrópoli es un imán para buscar un buen trabajo, realizar un negocio… pero se da la paradoja de que muchos de los que emigran a la gran urbe se encuentran en una situación más miserable que en sus lugares de origen. Hay más oportunidades pero también más competencia y las condiciones de vida son más duras, sobre todo para los niños, la policía los persigue porque realizan pequeños hurtos para sobrevivir y acaban en la marginación. Los niños mayores abusan de los más pequeños, crean pandillas, inhalan pegamento, abusan de las drogas e incluso algunos consumen heroína. Las niñas son violadas en cuanto pueden caminar por adultos o por los propios niños.
El Gobierno indio ha tomado en las últimas décadas medidas a favor de la casta de los intocables. ¿La gente percibe que ha cambiado la situación?
En parte sí. Hay cuotas reservadas para ellos en la universidad, en la administración y en otros ámbitos. En las grandes ciudades se aprecia menos el sistema de castas, no es tan evidente, aunque si indagas puedes comprobar que los más pobres son intocables, los que barren las calles, los que limpian las letrinas, los que tienen contacto con residuos…. Tras la independencia, India Gandhi abolió el sistema de castas pero aunque legalmente no existe, es palpable en la vida diaria. En las zonas rurales se nota más; las castas más bajas viven separadas de los pueblos. En la ciudad todo se mezcla pero los más desfavorecidos no tienen acceso a la educación y padecen una doble miseria material e intelectual.
De todas las instantáneas que obtuvo, ¿hay alguna que signifique algo especial?
Hay un retrato de una niña con una burbujita en la boca; está llorando y con la mirada triste. La pude ver varios días sola y medio desnuda en la estación de Sialda. La perdí de vista y al cabo de unas semanas la encontré y me dijo que tenía familia; me reconfortó saber que no estaba sola. Me llegó su mirada y su ternura, no me pude sacar su imagen de la cabeza durante mucho tiempo. Cuando veo la fotografía me transporto de nuevo a la India, a las vías, al trabajo que estuve haciendo, a la gente que conocí, a las risas y a los malos momentos…
¿Qué valores cree que ha transmitido con esta colección fotográfica?
Intento dignificar a esta gente, mostrar su lado más humano, porque no dejan de ser personas con sus problemas, esperanzas y ansias de cambiar. Me impactó su fuerza vital y que pese a las condiciones terribles en las que viven, cualquier instante es bueno para compartir, sonreír, y la importancia que dan al valor de la amistad, lo poco que tienen lo comparten; no tenían casi nada para comer y me compraban coca cola cuando les visitaba. No es que estén alegres y felices, pero su filosofía de vida les hace tener una actitud bastante más positiva hacia la vida de la que a veces tenemos nosotros, que se nos viene el mundo encima con cualquier problema. Las imágenes muestran cómo los niños indios envejecen muy rápidamente, se hacen adultos sin tener infancia. Me gusta que sean conscientes de que les estoy haciendo fotos, no que posen.
¿Qué opina de la figura de Teresa de Calcuta?, ¿ha dejado huella en la ciudad?
Sí, en el hotel en el que me hospedaba estaba cerca de Calicat, donde está el primer centro de Teresa de Calcuta. Como persona, es venerada en la India, como un santo. Su labor y la de su organización es admirable. En los centros de moribundos con sida, veo a los voluntarios colaborando en trabajo muy duro: para cuidar a una persona que se está muriendo hay que tener una enorme capacidad de entrega.
Estas situaciones son las que llevan a muchos a decir que la India es el país de los contrastes…
La India es el único país que conozco en el que en menos de un kilómetro puedes encontrar un paisaje idílico con palmeras y el mayor centro de tecnología de telecomunicaciones con Mercedes en las puertas y en la pared de ese centro cientos de barracas con gente viviendo en la más extrema pobreza material e intelectual. En el centro de Calcuta miles de personas viven en la calle, con un plástico, allí cocinan, se lavan, hacen el amor, tienen los hijos y se mueren. Aquí la pobreza se esconde, se lleva a los mendigos a otros lugares para que no molesten, allí conviven con toda naturalidad la riqueza con la pobreza, de forma descarada e inmoral. Es su karma y lo aceptan como tal.
¿Es entonces la pobreza el principal problema de la India?
Sin duda. En 2001 había 1037 millones de habitantes, ahora serán 200 o 300 millones más y un 60% vive bajo el nivel de pobreza. La paradoja es que la India no es un país pobre, es el primer productor de software, se filman más películas que en Hollywood, tiene bombas y centrales nucleares y satélites en órbita desde hace 20 años. Otros problemas son el exceso de población y la corrupción extrema en todos los ámbitos: desde el policía que te multa en la calle para aprovecharse de ti hasta los políticos. La solución pasa por invertir más en educación, sanidad, el sistema de castas es un quiste…
Por último, ¿qué es lo mejor y lo peor que le ha pasado en estos tres meses?
La mayoría son experiencias positivas, soy un enamorado de la India. Lo más negativo fue la experiencia de constante enfrentamiento con la policía, porque no me dejaban obtener fotografías por motivos de seguridad, pues alegaban problemas de terrorismo. Lo más positivo fue el contacto diario con la gente, sentir que se preocupan por ti y que es un sentimiento recíproco.
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