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Lolo Rico

Periodista



Imagen de Lolo Rico

“Nuestros niños han dejado de ejercer su potencial imaginativo”

Acaba de retomar la literatura infantil con un nuevo personaje, Nikolás Malencovich: “Un dragón en el bolsillo” y “¡Nosotros estamos aquí!” (editorial Montena). Es miembro de la Academia de las Ciencias y las Artes, no sólo de la española sino también de la norteamericana; ha recibido recientemente el Premio Talento; es jurado permanente de los Premios Grammy, y tiene en su haber muchos manuales que nos han permitido conocer un poco mejor a los niños y la infancia. Da igual. Por encima de cualquier otro mérito hay uno que resplandece con la fuerza de haberse convertirse en mito colectivo de varias generaciones. Ella, Dolores Rico Oliver (Madrid, 1935), Lolo Rico, fue, es y será siempre la directora de “La bola de cristal”.



¿Cuál es, en estos momentos, la salud de la literatura infantil?

Tengo cierto prejuicio con el término de “literatura infantil”, porque muchas veces ni es literatura ni es infantil. Sin embargo, el concepto ha cambiado, y ahora se escriben muchos libros para niños, que es distinto. Libros buenos, capaces de aficionarles a la lectura. Este buen estado de salud, como dices, también se debe a que poco a poco es más frecuente el hecho de que autores de adultos escriban para niños, como es el caso de Meter Hanke, y eso revitaliza mucho este género.

¿Qué opina de Harry Potter?

Es un fenómeno que no puedo explicar. Tiene el mérito de que ha habituado a leer a muchos niños, y con libros de gran paginación. Están muy bien escritos, tienen humor, imaginación y la fórmula del colegio de brujos funciona a la perfección. Me parece fabuloso todo esto. Lo que no termino de entender es que haya tantos adultos pendientes de Harry Potter. Sería normal que se lo leyeran a sus hijos, sus sobrinos, sus nietos, pero que ellos, por sí mismos, queden por completos seducidos es algo que se me escapa.

Nicolás Malencovich, nacido en Macedonia, se integra a la perfección en nuestro país. ¿Cree que la acogida que dispensamos a los niños inmigrantes en España es buena?

El problema de la inmigración no es un problema fácil de resolver; la fórmula no es, desde luego, crear guetos. Ellos tienen que vivir en nuestro país dignamente y conseguir un puesto en nuestra sociedad.

¿Cómo se consigue eso?

La tolerancia, la solidaridad y la comprensión se hacen necesarios. Además, debemos sabernos culpables de la situación de determinados países, de donde proceden los inmigrantes. Hay que echarles una mano, no basta con acogerles, sino que hay que trabajar en los países menos desarrollados para que no tengan que salir de ellos en busca de mejores oportunidades.

Por ejemplo, podemos comenzar no utilizando irresponsablemente sus materias primas. Si no hacemos esto, estamos poniendo parches y el problema seguirá latiendo porque no se ha resuelto. Y se empieza desde pequeños, en el colegio, en las casas. El caso de Canarias es algo mucho más concreto y que hay que abordarlo, pero en el resto de España el problema no puede surgir por intolerancia, racismo, xenofobia o prejuicio. Y sobre todo Europa tiene que encararlo de manera conjunta, no puede permitir que cada país miembro lo afronte como pueda.

Usted habla en sus libros del miedo al otro. ¿La infancia es ese estadio perfecto para acogerle, donde el juego es un salvoconducto para encontrarse?

El niño siempre admite al otro, pero de pequeños se nos dice que no hablemos con desconocidos, no nos vayamos con nadie, que no aceptemos un caramelo... a los niños se les crean trabas para acercarse al otro, se le presenta como enemigo.

Entiendo a los padres que dan estas consignas, porque la ciudad tiene sus peligros, pero también hay que enseñarles a comprender al otro. He viajado mucho a Egipto, y allí observaba lo felices que eran los niños. Después, regresaba aquí y contemplaba niños que lo tenían todo y sin embargo sus caras eran de disconformidad, de mal humor.

¿Cómo es posible?

Llegué a la conclusión de que para esos niños, los de Egipto, el otro es siempre un amigo, y que disfrutan de un bloque familiar sólido, algo de lo que carecen los nuestros. Y, además, conocían el concepto de trascendencia. Dentro de su futuro, incierto, sabían que su familia trascendía a la vida, a la muerte.

Nicolás es especial, aparte de por otras muchas cualidades, porque tiene un objeto mágico. ¿Cree que los niños de ahora que tienen exceso de casi todo han perdido la capacidad de soñar o la fe en la magia?

No la han perdido, pero sí han dejado de ejercen su potencial imaginativo. La culpa no es del desamor de una sociedad en concreto, tan materialista como la occidental, sino del hecho de que están muchas horas delante del televisor, y éste no les abre caminos a la imaginación, igual que los videojuegos o los juguetes electrónicos.

Hay cientos de objetos que, usados de una manera menos técnica y más lúdica, abren horizontes a la fantasía. En “La bola de cristal” poníamos en pantalla una imagen borrosa y dábamos cinco segundos al niño y al adulto para imaginar qué podía ser aquello. De eso se trata.

Si se puede (y La bola de cristal, entre otros programas, demostró que era posible hacer soñar al niño), ¿por qué no se quiere?

Porque quienes hacen esos programas, esos videojuegos, no tienen imaginación. Con lo fácil que es... En mi libro, el objeto mágico tiene la cualidad de materializar los pensamientos del niño, la da la capacidad de volver al pasado y trasladarse al futuro. Eso es lo que permite el vídeo. Si tienes una película de tu familia puedes, en cierto modo, viajar a través del tiempo. Muchos de los objetos que manejamos tienen magia, pero no se la conferimos.

La fotocopiadora, el teléfono...son objetos mágicos.

¿Por qué no? Magia es aquello que uno no puede resolver por uno mismo pero tiene capacidad para remediarlo. Hacer posible lo que es insólito, eso es la magia. ¿Qué aporta la magia?

Sensibilidad y belleza.

Usted escribe de Nicolás que “es verdad que le pasan muchas cosas porque mira el mundo con detenimiento, saca conclusiones y se enfrenta con la vida cuando es necesario”. ¿Qué hay que hacer para mantener, una vez adultos, al niño que fuimos?

A los niños hay que hacerles adultos pronto; la infancia es una etapa importantísima, es la percha que sostiene el vestido, la estructura del edificio, de tu razón, de tu ser adulto, pero no es la única. Quedarse en la niñez bien porque tu vida se ha truncado o por una perversión de un ser que no ha sabido madurar, elegir depender de otros y no asumir las responsabilidad, es peligroso.

El niño tiene que crecer. Y las personas que trabajamos para los niños tenemos que ser muy adultas, tan adultas que podamos volver a la infancia sin riesgo de quedarnos en ella. Hay que volver a ella para quererla y entenderla. Si nos parece mágico el avión, el teléfono, imagínate la naturaleza, el crecimiento.

Hay quienes echan de menos en sus hijos adultos a los niños que fueron, y no entienden que perdieron niños para ganar hombres o mujeres. Yo soy la niña o la adolescente que fui pero hecha mujer. No hay que perder de vista la infancia, saber que está ahí, que forma parte de ti, volver a ella, pero no vivir en ella.

¿Cuál es el lugar en donde infancia y madurez deben ensamblarse?

Imagen Lolo Rico en su casa
En la mirada. Hay que mantener el asombro, la ternura y la atención de la mirada de un niño, y que el adulto ponga la lucidez en ella, la interpretación, que sepa leer esa mirada.

En el primer libro de Nicolás, nos relata una especie de viaje iniciático y cómo él, solo, se enfrenta al mundo. En el segundo, la continuación, aparece el grupo. Los niños de hoy en día, ¿pertenecen sólo a esta primera condición, niños recluidos, aislados incluso de sí mismos? “La bola de cristal” nos enseñó aquello de “solo no puedes, con amigos sí”.

Eso ocurre porque vivimos en una sociedad cuyos valores fundamentales no son los de solidaridad y que no juega con sus niños. Los niños de El Cairo adquieren una plasticidad y una sugerencia imaginativa enorme. Para ellos cualquier cosa, una rama de olivo, un hueso de aceituna, es un juguete maravilloso. No quiero decir que eso sea mejor que el que un niño tenga videojuegos, nada es perfecto, sólo trato de buscar explicaciones. El niño es un ser predispuesto a formar grupo; está bien que tenga sus ratos de soledad, ternura, misterio... pero el grupo es fundamental en su crecimiento porque le obliga a entenderse con los demás y cuando uno entiende al otro es imposible no quererle.

Mi madre se entristece porque cree que se ha perdido el ánimo de canturrear, el respeto a los mayores y el contar historias...

Por desgracia, lo confirmo. Es verdad, el tatarear, el cantar... ¿Por qué no cantaremos más? Cantar implica alegría si estamos felices y consuelo si estamos tristes. Lo de los mayores es cierto, al menos en nuestra cultura occidental, y los cuentos son la única manera que conozco de aficionar a la lectura a nuestro pequeños. Y cada vez se cuentan menos.

A Lolo Rico es casi imposible disociarla de “La bola de cristal”. ¿No se cansa de hablar siempre de ella?

A veces sí, me parece un reduccionismo profesional, pero soy inseparable a ese cariño que varias generaciones me profesa por el programa. La cantidad de gente que me para por la calle, que me da las gracias... ¿Cómo puedo cansarme de ella? ¿Cómo puedo renunciar a ella?

Es tan bonito, tan inesperado, tan mágico... Sé que cuando muera dirán de mí que se ha muerto la directora de “La bola de cristal”... Me ha hecho y me hace muy feliz. No, no me canso, pero sí me produce un cierto estupor. Una vez encargué en una tienda una película y el muchacho que me atendió me pregunto: “¿Usted es Lolo Rico? ¿Lolo Rico, Lolo Rico?” Se quedó atónito. Cuando me pasa algo así yo siempre pienso ¿qué espera este chico de mí? ¿Qué tengo que hacer o decir para no defraudarle?

¿Qué tal gritar aquello de ¡Viva el mal viva el capital!?

Sí, sería lo más fácil, pero me produce miedo, me han dado tanto esas personas que me muestran su cariño que me gustaría darles algo también, y responder a sus expectativas, pero no sé si soy capaz, no sé qué imagen se han forjado de mí, de lo que soy; eso es lo único que me desconcierta respecto de mi vinculación con “La bola de cristal”.

Volviendo a la literatura infantil. ¿Por qué las ilustraciones se han relegado a este género, como si de pronto se considerasen de categoría inferior?

Por la pérdida del concepto de libro como objeto bello, la pérdida de la belleza. Y por reducción de costes, en última instancia.

¿Qué autores recomienda a esta periodista, mitad niña, mitad adulta?

A la niña, “El viento en los sauces”, de Kenneth Grahame, un libro fabuloso; cuenta la historia de un topo, un ratón y un sapo. Es tan brillante, está tan bien escrito... También las aventuras de Celia, los cuentos japoneses... Y al adulto que hay en ti recomiendo a Coetze o Yasmina Khadra.

¿Quién quiso ser de pequeña?

Heidi.

Texto: Esther Peñas

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Saber más

Los libros de Lolo Rico

CÓMO HACER QUE TUS HIJOS LEAN: ANÁLISIS Y RECETAS
Editorial: ALFAGUARA

¿Por qué no leen los niños ? O dicho de otra forma: ¿por qué les cuesta tanto aficionarse a la lectura? Este libro intenta salvar los escollos que parecen interponerse entre nuestros hijos y los libros. Desde su experiencia personal, la autora nos ofrece recursos, fórmulas y sugerencias prácticas y sencillas.

UN DRAGÓN EN EL BOLSILLO
Editorial: MONTENA

Nikolás Malencovich Alonso vive en Macedonia; cuando nace su hermana Aliocha, el país está a punto de entrar en guerra. Para alejar a Nikolás del peligro, un vecino lleva al niño a Atenas, dejándolo en manos de Ulises, un marinero que se compromete a esconder el niño en su barco dentro de la caja vacía de un televisor hasta dejarlo en Barcelona. Nikolás hará todo el viaje con la peligrosa compañía del dragón del lago de Ohrid. En el barco conocerá a sus primeros amigos que le ayudarán en su nueva vida, lejos de su casa. Antes de comenzar el viaje por mar, Nikolás tiene un misterioso encuentro con un viejo zíngaro que le regala un objeto mágico en le que podrá ver reflejados sus pensamientos, recuerdos y deseos, así como los peligros que le acechan...

NOSOTROS ESTAMOS AQUÍ!
Editorial: MONTENA

Después de un largo viaje, Nikolás Malencovich Alonso llega a Barcelona, donde descubre que su abuela está enferma. Así pues, Nikolás se ve obligado a ir a Madrid a encontrarse con el hermano pequeño de su madre, el tío Ricardo que con veinte años tendrá que hacerse cargo de su sobrino Nikolás y de Ratón, un cachorro amarillo, que ha viajado con el niño desde Barcelona. Ricardo es cariñoso y divertido, pero sin querer provoca verdaderos desastres. Suele ir a una tienda de informática donde hace algún que otro trapicheo; allí trabaja un extraño llamado Morris. Ricardo le habla a Morris del objeto mágico de su sobrino y éste le pide que se lo dé. Cuando Nikolás se entera, Morris, que es en realidad un mafioso, se ha esfumado. Nikolás y sus amigos tienen que encontrar a Morris y, una vez descubran el propósito de Morris y sus colegas, parar la producción de 'objetos mágicos'.

CARTAS DE UNA MADRE DE IZQUIERDAS A UNA HIJA DE DERECHAS
Editorial: PLAZA & JANES

La prestigiosa periodista, realizadora de televisión y guionista Lolo Rico ha elegido el género epistolar para reflejar el choque generacional que se produce cuando una madre progresista, tras haber intentado inclucar a su hija los valores en los que siempre ha creído, observa como con el paso del tiempo esta se va volviendo cada vez más conservadora, sin poder evitar sentir que ha fracasado. A lo largo de las seis cartas que componen la obra asistimos a las reflexiones sobre la infancia y la juventud de los protagonistas, a la consolidación de sus ideas, los contratiempos familiares y las separaciones, los acontecimientos políticos y sociales, materiales que conforman el entramado íntimo de sus vidas y que la autora desarrolla con espíritu autocrítico y grandes dosis de humanidad.

FOTÓGRAFO DE GUERRA. ESPAÑA 1936-1939

Con la guerra civil nace un nuevo estilo de comunicación visual de los sucesos, marcado por el compromiso de los fotógrafos y las nuevas posibilidades de la técnica fotográfica. Las fotografías de los conflictos anteriores eran sólo tangencialmente ilustrativas, y no sólo por las limitaciones mecánicas que debían superar los reporteros, sino porque faltaba en ellos un sentimiento de solidaridad, de identificación, de pasión que comienza a darse de un modo determinante en la guerra civil.

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