Gloria Iglesias
Trabajadora de Iberia
“El 70% de los enfermos de sida de esta casa se infectaron por no usar el preservativo”
Gloria Iglesias es la “madre coraje” de los enfermos de sida que no tienen familia ni hogar. Hace seis años, sin un céntimo en el bolsillo, se propuso fundar una casa de acogida. Gracias a la solidaridad de sus compañeros de Iberia, donde trabaja como azafata, consiguió dar sus primeros pasos. Dice que lo más duro es ver cómo algunos de sus chicos, enfermos terminales, mueren en el camino. Lucha contra viento y marea: desde subvenciones que no llegan hasta comunidades de vecinos que no les quieren en su finca. Su espíritu es fuerte. Su única vocación, ayudar a quien lo necesita.
Supongo que fundar una casa de acogida para enfermos de sida y cáncer y ex presidiarios fue un gran paso en toda vida. ¿Cómo nace esta idea? Llevo haciendo voluntariado desde que era muy pequeñita. Con 14 ó 15 años ya tenía este gusanillo en el cuerpo. He trabajado con niños con síndrome de down, prostitutas, he sido catequista, he ido a Lourdes durante cinco años... Pero todo se me quedaba pequeño. Quería hacer algo más porque sabía que tenía la energía suficiente. Un buen día, en el tren de Lourdes, viajé en un vagón enfermos de sida. Cuando bajé al andén tenía muy claro que era lo que tenía que hacer. A partir de ahí hice voluntariado con las ONG’s Teresa de Calcuta y Cruz Roja para tomar conciencia de lo que podía ser montar una casa de acogida. Has conseguido un buen piso: amplio, luminoso y confortable... ¿Fue difícil encontrarlo? Ha sido un camino largo y difícil. Tengo esta casa desde hace seis años. Antes de llegar aquí estaba en la calle Montesa, pero se nos acabó el contrato y no nos querían renovar; nos vendían el piso por 120 millones de pesetas. ¡Esa cifra no la podíamos pagar! Por eso nos hemos venido aquí, después de buscar unos meses, a la calle Miguel Moya, junto a la Gran Vía. Para tener una casa de acogida exigen una serie de condiciones de obligado cumplimiento: unos metros cuadrados por cada persona que vive, que sea un primer piso, unas condiciones de ventilación,... ¡Y miden todo al milímetro! Este piso estaba totalmente destruido pero, como los chicos hacen de todo, lo hemos reformado de arriba abajo. Lo hemos amueblado con las cosas que la gente tira. Nosotros mismos las restauramos. Luego están las malas experiencias y el hecho de que nadie quiere una casa de acogida en una comunidad de vecinos. Recuerdo que encontré un piso perfecto en la plaza de Manuel Becerra, era una casa del arzobispado. Cuando empecé la gestión para alquilarlo me fue denegado totalmente. Fue una gran decepción. ¿Cuál es el perfil de la gente que vive en tu casa? Estos chicos vienen de los hospitales, de la calle, de centros de trabajo social... Es gente que no tiene ni familia ni hogar. Algunos tienen sida, otros cáncer... Ahora mismo viven diez personas con edades comprendidas entre los 18 y los 44 años. Son todo hombres, porque es muy complicado tener una casa de acogida mixta. Desde aquí tratamos de luchar contra el sida, contra las drogas, contra las enfermedades terminales... Tengo una lista de espera de otras diez personas. ¿Y cómo funciona este hogar? Cuando llegan aquí lo primero que hay que hacer es recuperarlos, porque llegan totalmente destrozados. Esta fase puede durar cuatro meses, ocho, un año... Depende de cómo vengan de afectados. Una vez que están en condiciones, intentamos que empiecen a trabajar. Para encontrarles trabajo me autogestiono a través de amigos y conocidos. Hay algunos que, por su enfermedad, no pueden llevar una vida laboral normal, con una jornada de ocho horas, por lo que se me ocurrió la idea de montar un rastrillo. Lo abrimos el pasado mes de mayo. Tenemos una furgoneta y recogemos las cosas que la gente no quiere. Y luego lo restauramos. Es increíble las cosas que la gente deja en las calles... Algunas cosas se venden y otras se las damos a gente sin medios. ¿Y dónde está? En la calle General Palanca 34. Entonces, Gloria, ¿Encuentras muchos problemas a la hora de integrar laboralmente a estas personas enfermas? Si eres empresario quieres que los sueldos que pagas te produzcan. Y nosotros la mitad de los días tenemos que estar en el hospital porque el sida deriva en una serie de enfermedades. Tenemos que hacer analíticas constantemente. Si eres empresario y en un mes un chico te falta cinco o seis veces, no aceptas esta situación. ¿Y de dónde sale el dinero? Fundamentalmente, donaciones privadas. Lo de las subvenciones es un mundo aparte. Para acceder a ellas tienen que estar como mínimo tres años en pie. Y cuando por fin llegan la verdad es que no son suficientes. Si tú no te tiras a la piscina nunca podrás comenzar. Yo tuve la suerte que mis compañeros de Iberia se solidarizaron mucho con esta causa y reunimos el dinero suficiente para echar a andar. ¿Puedes presumir de independencia? Aquí los chicos vienen y, si quieren quedarse se quedan. Y viven. Y se mueren. Alguna vez se ha planteado firmar convenios con los poderes públicos pero lo que ofrecen no me sirve, porque yo no quiero darle a nadie un plazo de seis meses para que, bajo presión, se recupere, salga a la calle y deje su cama al siguiente. Para mí eso no existe. A un chico que está con una enfermedad terminal no le puedes decir que en seis meses tiene que estar recuperado para salir de la casa. Eso es imposible. ¿Qué se puede hacer para frenar la pandemia del sida? Hay una riada de gente infectada impresionante. La gente dice: “Estos chicos del sida son yonquis”. Sin embargo, un 70% de los chicos que han pasado por este hogar se han infectado practicando sexo. La información es muy importante. Yo doy charlas en los colegios. Voy con mis chicos y cuentas sus experiencias: lo que les ha pasado por hacer sexo sin preservativo, por tomar drogas... Cuando voy a los colegios formulo una pregunta para que me respondan anónimamente y es absolutamente increíble la falta de información y el lío mental que tienen en asuntos como el sexo y el sida. Es impactante. Te defines como una mujer católica. ¿Qué opinas de la postura de la Iglesia frente al uso del preservativo? Estoy totalmente en contra de la posición de la Iglesia. La gente tiene que usar el preservativo. ¡Un 70% de los enfermos de sida que han pasado por esta casa se han contagiado por no usarlo! Si lo hubieron usado ahora no se estarían muriendo. Yo vivo en el mundo marginal. Si no estoy con enfermos de sida estoy con prostitutas. Es espeluznante cuando que a las prostitutas les paguen el doble con tal de no ponérselo. Recuerdo que en una de la campañas de acción social de la universidad había un eslogan que me hizo reflexionar concienzudamente: “¿Quién ayuda a quién?” Yo me siento una privilegiada por poder hacer lo que hago. Antes de tener esta casa, tenía un espíritu muy inquieto hacia la miseria y las necesidades. Ahora tengo el privilegio de impedir que haya gente tirada en la calle. Cuando en navidad nos sentamos en la mesa para cenar no somos once, sino veinticinco. Porque los que se han ido ya nunca se separan. Texto: Pablo Blázquez |