¿Cómo será la Tierra que heredarán nuestros hijos?
Miguel Delibes de Castro, hijo de nuestro insigne genio de la literatura, es una de las máximas autoridades en medio ambiente de nuestro país. Investigador del CSIC, director de la Estación Biológica de Doñana entre 1988 y 1996 y gran precursor en la defensa del lince ibérico, ha escrito junto a su padre “La Tierra Herida.¿Qué mundo heredarán nuestros hijos?”, un libro basado en el diálogo entre ambos que se introduce en las grandes cuestiones que afectan a nuestra ecología
¿Cómo nació la idea de escribir ‘La Tierra Herida’? Mi padre me hizo la propuesta. Había hablado con el editor de Destino y me llamó para decirme que a él le hacía mucha ilusión que escribiéramos este libro juntos, que podía ser bonito, pero que no me sintiera obligado. Evidentemente, si al él hacía ilusión para mí era una obligación muy agradable. A partir de ahí no paramos. Me fui a Valladolid y en el verano de 2004, aprovechando mis vacaciones lo escribimos. ¿Y cómo fue la experiencia? Porque es curioso. Por un lado, un genio de la literatura, por otro, un experto en medio ambiente. Padre e hijo a su vez... Muy gratificante. Y también muy cansada. Porque teníamos poco tiempo y, además, vivimos en ciudades distintas. Fue un trabajo duro y bonito. Mi padre, que desde que le operaron hace cinco años no está bien de salud, estaba muy ilusionado. Construimos algo entre los dos y eso es muy satisfactorio. ¿Y le ha convencido de aspectos como por ejemplo el cambio climático? ¡Mi padre está incluso más convencido que yo! Siempre ha sido una persona muy sensible y preocupada por la climatología. Durante decenios ha mantenido correspondencia con institutos y pequeñas estaciones metereológicas. Una de su manías son los termómetros. En todas sus casas hay varios y sabe perfectamente a qué temperatura está en cada momento. Recuerdo que el año pasado me decía: “Hay qué ver en qué año hemos ido a escribir sobre el calentamiento global. ¡Nunca ha nevado tanto!”. Yo le explico que esto es precisamente lo que dicen los expertos: los fenómenos son más exagerados ahora. ¿Qué cree que se puede hacer para sensibilizar a los españoles en materia de medio ambiente? Ahora el Ministerio de Medio Ambiente acaba de lanzar una campaña de concienciación, que me parece muy inteligente. Nos lo tenemos que tomar muy en serio y eso empieza por las propias autoridades. Es verdad que la gente piensa que lo que uno puede hacer es tan pequeño que no va a servir de nada. Pero esto es un error. Quizá ahora ha llegado el momento de enseñar a la gente, de transmitirles conocimientos, porque existe conciencia pero falta conocimiento. ¿Cómo van las cosas en su cuartel general, Doñana? Doñana, como todos los sitios con vocación de conservar un lugar salvaje, tiene una resistencia grande (en ecología lo llamamos “residiencia”, es decir, la capacidad de soportar los cambios y adaptarse). Que el año pasado no se inundara en principio es negativo. Que este año haga tanto frío y haya llovido tan poco sigue siendo negativo. Buena parte del monte está muy seco. Pero, por otro lado, no es malo que en un sitio salvaje haya sequías porque forma parte de la naturaleza. Aunque pudiéramos, no deberíamos regarlo, porque Doñana no es un cultivo. Además, está cada vez más controlada y ha mejorado mucho la aceptación local y social. Ahora se entiende como un valor añadido de la zona. ¿Sólo ahora? Llevo treinta años aquí y durante los veinte primeros éramos el enemigo número uno porque frenábamos el desarrollo. Ahora ya se entiende que somos un valor diferente. Se ha hablado mucho de la extinción del lince ibérico... El lince ibérico está en un momento muy delicado. Es realmente una especie que está al borde la extinción. Quedan entre 100 y 200 ejemplares. Poquísimos. No tienen comida porque hay pocos conejos donde viven. Además, les atropellan con facilidad. La situación objetiva es muy mala. Lo cierto, en el lado optimista, es que nunca se han juntado tantos esfuerzos y se está intentando conservarlo. En esta lucha están inmersa la Unión Europa, España, Portugal... Texto: Pablo Blázquez |