Mi padre tiene Alzheimer
:: Quince Días ha querido plasmar el testimonio
de un día en la vida de los hermanos Alvarez Tejerina, cuidadores
de un enfermo de Alzheimer, su padre. Esta vivencia, plasmada en el
libro "Cuadernos prácticos sobre la enfermedad del Alzheimer
y otras demencias", de la editorial Afal y editado por Obra Social
Caja Madrid, no deja indiferente a nadie por su sensibilidad, entereza
y apuesta por la vida
EL DESPERTAR
"Abres
los párpados y me observas. Tu mirada está llena de dependencia,
de vulnerabilidad, de miedo. Sin pronunciar palabra alguna, me estás
inquiriendo: ¿Quién eres? ¿Dónde estoy?
¿Qué hora es? ¿Qué día? Qué
año? ¿Quién soy? Es la mirada propia de una persona
que acabara de llegar de un país extraño, o la de alguien
que volviera a nacer, como es tu caso, que al abrir los ojos no se acordara
de nada.
Retiro la sábana de la cama. Estás muy rígido.
Por la delgadez de tu cuerpo se distinguen claramente los músculos
de tus piernas, totalmente contraídos. Entramos en el cuarto
de baño, te enjuago la boca, no quieres hacer nada más:
"Sácame de aquí", gritas malhumorado.
Te
llevo hasta la cocina. El desayuno tiene como dificultad lo variable
que se ha vuelto tu paladar y tu apetito. De todo te cansas, y a los
tres días de servirte lo mismo ya no "entra" y hay
que ejercitar la imaginación para encontrar nuevos sabores apetecibles.
Hoy no tienes ganas de comer y picas dos trocitos de jamón y
un vaso de leche. Una vez terminado el desayuno, vienen los medicamentos,
que según el día quieres tomar y otras veces eres incapaz
de tragar, por lo que tenemos que buscar alternativas para que los ingieras.
Vamos a la ducha. Generalmente no te desagrada, aunque son demasiadas
órdenes para tí: levanta el pie, entra en la bañera,
cierra los ojos...A veces te lías y no sabes reaccionar ni seguir
nuestras indicaciones.
Una vez lavado y fuera de la ducha, te seco bien y te doy crema por
todo el cuerpo, extendiéndola con un suave masaje.
MEDIODÍA
Los
días de diario viene un cuidador para sacarte un poco, pero los
fines de semana te llevamos nosotros. Te gusta ir al parque, aunque
tu caminar se ha convertido en una sucesión de pasitos cortos,
a veces rectos, a veces desviados, siempre con la mirada fija en el
suelo. Nos sentamos un rato en un banco para descansar, pero parece
que no encuentras la postura adecuada, estás inquieto, así
que al cabo de un rato volvemos a casa. Un paseo de cinco minutos a
paso normal supone uno de media hora contigo.
Toca el almuerzo. Con la comida es repetir la operación del
desayuno. Como es fin de semana están los niños, y te
sentamos a comer con Marta, la pequeña. No sabemos cuál
de los dos es más cabezota con la comida. A las dos cucharadas
no quieres más y no hay forma humana de conseguir que tragues.
Después de comer, te duermes como un bebé, y aprovechamos
ese ratito para hacer todas las cosas que no nos ha dado tiempo durante
el día.
Por
la tarde, decidimos estimular tu memoria mostrandote fotos de la familia.
Miras con cara de agrado las fotos, las tocas como para reconocerlas
mejor, sonríes pero no dices nada. Acercas el album a los ojos
y parece que reconoces a alguien, pero con cierto enfado lo dejas caer
y te quejas de que con esa luz no puedes ver nada. Este es a veces tu
único recurso.
Cerramos los albumes. Tus ojos no han demostrado demasiado sentimiento,
ni emoción, ni casi recuerdo, ni conocimiento, y viéndote
así tan impotente, se me revuelve el corazón y me sube
por la garganta el mismo grito de siempre: ¿Han tenido sentido
la alegría, sufrimiento, y el dolor que reflejan estas fotos?
LA NOCHE
Las
reuniones te dejan agotado, el parloteo te marea, y casi te agradecemos
que nos interrumpas y nos saques a todos a pasear. Después del
paseo, la cena. Estamos contentos, parece que te ha entrado hambre a
última hora..
Hoy te llevamos directamente a la cama, aunque otros días te
quedas un rato delante de la televisión con nosotros, hasta que
empiezas a respirar fuerte y entonces te acostamos. Pasamos antes por
el baño, limpiamos la dentadura, haces tus necesidades y te acostamos.
Una vez tumbado, realizamos contigo unos ejercicios de relajación,
también un masaje y cuando empiezas a respirar fuerte te giro
hacia tu lado preferido y te dejo descansar.
Entonces
empieza la noche, en la que nos turnamos para cuidarte. Varias veces
te despiertas, unas veces porque necesitas ir al baño, otras
porque no te puedes dormir, antes porque tenías alucinaciones.
Todo esto, tu enfermedad, es muy duro y muchas veces nos desespera
la incertidumbre, el miedo. Pero también y a pesar del largo
día que acaba de pasar, nos sentimos unidos, sentimos más
que nunca que eres parte de nuestra familia, de nosotros, que nos necesitas,
que puedes contar con nosotros para cuidarte. Que somos una familia".